Había un tiempo en que sus cuadros debían presentarse bajo vidrio, por la cantidad de escupitajos que recibían por día.
En la Argentina lo consideraban un "artista degenerado" y una ofensa para "la dignidad de la patria".
Mientras tanto, en Europa lo invitaban a exponer en las galerías más importantes de Berlín, Milán y París. En 1924, después de once años en Europa, Pettoruti volvió a Argentina y el Salón Witcomb organizó una muestra con 86 obras.
Lo que siguió fue una de las noches más violentas de la historia del arte argentino: insultos, escupitajos y golpes de puño.
Hoy esas mismas obras son las más cotizadas de su producción y la muestra del Witcomb del '24 es considerada el momento fundacional de la modernidad en el arte argentino. El mercado, con el tiempo, siempre termina dándoles la razón a los que estaban adelantados.
